Yolanda Díaz se une al club del ridículo lenguaje inclusivo: «débilas»

La imposición de la izquierda de crear un neolenguaje no sexista genera continuos lapsus verbales de nuestros políticos más «progres»

Se está poniendo de moda, entre nuestros políticos de la izquierda, de una manera de hablar pretendidamente feminista. Se supone que con ello, teóricamente, se quiere dar mayor visibilidad a la mujer, pero que lo único que están consiguiendo es ridiculizar a siglos de lucha del colectivo.

La vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, no quiere ser menos en este neolenguaje y recurrió también a dicha jerga no sexista que destroza el castellano. Fue este 6 de mayo de 2022 ante la prensa y en un acto en Sagunto (Valencia) donde le pedía al presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, que rectifique «con carácter inmediato» sus declaraciones por «mofarse», en su opinión, de los más necesitados. Pero se cubrió de gloria al decir: «Los más débiles y las más débilas…». En referencia a las mujeres que se acogen a la tarifa regulada de la luz.

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Y no es la primera vez, en su empeño por desdoblar el género y manosear la gramática. En el acto de clausura del Congreso confederal de Comisiones Obreras (CCOO) lo inició con un: «Queridos compañeros y compañeras… Autoridades, autoridadas…».

Bibiana Aído

En la misma línea, tenemos el ya tan popular «miembros y miembras» que lanzó en 2008 Bibiana Aído, ministra de Igualdad con Jose Luis Rodríguez Zapatero, para referirse a las diputadas de la Cámara Baja. La socialista explicó más tarde que no se trató de un guiño feminista sino que acababa de regresar de Latinoamérica y allí es «usual ese término».

La anécdota no quedó exenta de polémica entre los lingüistas cuando la política insistió en que el vocablo podría incluirse en el diccionario. «La ministra es defensora de esa confusión de sexo y género», comentó Salvador Gutiérrez, miembro de la Real Academia Española (RAE), quien sugirió a Aído que cursase su petición por escrito: «Siempre tenemos locos que escriben a la Academia pidiendo cosas peregrinas».

Irene Montero

Y llegó Irene Montero –por entonces representante de Unidas Podemos en el Congreso– que reivindicó la fórmula «portavoza». Y es que «a veces, desdoblando el lenguaje, aunque no suene muy correcto, se puede avanzar en la igualdad». Otra patada al diccionario que fue motivo de burlas y que tampoco contó con el apoyo de la RAE. Lo que no agradó a la actual ministra de Igualdad del Gobierno por lo que comentó que «La RAE tiene mucho que aprender» y es que la Real Academia Española es una institución «compuesta principalmente por hombres» .

Enarbolando la bandera de la paridad y la defensa de los derechos LGTBI y trans, Irene Montero ha hecho que la neolengua de la izquierda viva una etapa dorada. Una parte relevante de su discurso son las expresiones como «hijo, hija e hije», «ellos, ellas y elles», «solos, solas o soles», «todas y todes»… A través de ellas quiere demostrar que siempre estará «del lado de un lenguaje que haga sentir que todas las personas son importantes». Así, el uso de «hije» es para referirse a las personas no binarias que «tienen todo el derecho a existir».

Carmen Romero

Pero ni Aído ni Montero han sido pioneras en ir contra las reglas de nuestro idioma. Se les adelantó la socialista Carmen Romero, una de las primeras en enmascarar el debate político como algo lingüístico. Durante un mitin que realizó en los años noventa para conmemorar el Día Mundial de la Mujer Trabajadora, Romero usó tranquilamente el vocablo «jóvenas» para dirigirse al público femenino.

Críticas de los expertos

Los más críticos afirman que el tan discutido lenguaje inclusivo no es práctico. Más bien consideran que obstaculiza el mensaje: se termina hablando de cómo se dicen las cosas en vez de qué se dice. Mario Vargas Llosa ya expresó alto y claro en una entrevista que le parecía «una estupidez». Arturo Pérez-Reverte es otro de los que no comulga con este uso indiscriminado del lenguaje inclusivo. «A estas vocalas les da todo iguala», escribía en Twitter en tono irónico por una noticia en cuyo titular empleaba el femenino inexistente de «vocales». Darío Villanueva, exdirector de la RAE, los escritores Esperanza Ruiz o Xosé Carlos Caneiro, entre otros, han manifestado que el habla no sexista no es ni más ni menos que un «nuevo totalitarismo».

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