La Generalitat hace trampas con las notas sobre Lengua

El sindicato AMES analiza las facilidades que se dan a los alumnos para camuflar el fracaso escolar ante otras Comunidades

Las autoridades académicas catalanas afirman que sus alumnos obtienen mejor nota en castellano que los de otras comunidades. Pero según denuncia un informe del sindicato Acció per la Millora de l’Ensenyament Secundari (AMES), esto tiene trampa. Así estima que en los exámenes de los alumnos catalanes durante los últimos años se ha hecho trampa en el tipo de pruebas, en las calificaciones y en las propias notas para camuflar unos resultados que dejan mucho que desear.

Según Antonio Jimeno, catedrático de instituto y presidente de AMES «la primera sorpresa que llevamos los profesores fue que cada comunidad autónoma realiza pruebas diferentes, por lo que es imposible que se puedan comparar. (…) En unas comunidades hay niveles de exigencia muy superiores a los que hay en otras. Y en Cataluña las pruebas de Lengua son mucho más fáciles«.

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Análisis pormenorizado

A lo anteriormente dicho expuesto, se añade que cada comunidad puntúa diferente: en Cataluña se le dan cuatro puntos a la comprensión lectora (es decir, que se entienda un texto), tres puntos a la expresión escrita y otros tres puntos a la parte gramatical (análisis morfológico y sintáctico). En otras comunidades, la comprensión lectora tiene menos peso y se le da más valor, al conocimiento sobre la historia de la literatura, lo que no existe en Cataluña. «Aquí se pide solo que se pregunte sobre uno de los dos libros que hay que leer durante el curso, a gusto del estudiante», subraya Jimeno.

En el apartado del análisis «En Cataluña no se pide al alumno que se haga un análisis morfológico y sintáctico de un texto, sino que se aborda el tema planteando un examen tipo test, en el que se dan varias opciones para contestar y que resulta mucho más fácil que el examen que en otras comunidades». En cuanto a las pruebas sobre el vocabulario, en los exámenes de Lengua se utilizan siempre palabras que son muy parecidas en catalán y castellano, con lo que se camuflan los resultados de la comprensión lectora.

Por lo que respecta a las faltas de ortografía, en Cataluña se resta 0,1 puntos por cada una sin límite alguno en el número de faltas. En el resto de comunidades, solo se permiten 13 faltas por examen. A partir de ese número, el examen no se corrige.

Agravio comparativo

Todo esto proporciona resultados distorsionados de las pruebas de las competencias básicas de la ESO y de las pruebas de acceso a la universidad. Pero, surge otro problema añadido: las pruebas de selectividad permiten a los alumnos acceder a cualquier centro universitario del Estado.

«Aquí se da una situación injusta, ya que un alumno catalán que ha pasado un examen más fácil puede sacar mejor nota que un alumno de otra comunidad que ha tenido un examen más exigente y que por eso ha obtenido menor nota. Pero se puede dar la paradoja de que el alumno catalán pueda optar a una plaza, mientras que el otro, aunque podría estar mejor preparado a pesar de haber sacado una nota más baja, puede quedarse sin plaza», argumenta Antonio Jimeno.

El autor del informe es Eusebio Murillo y señala en las conclusiones que «para evitar la posible injusticia del sistema, sería necesario que todos los alumnos que quisieran acceder a una universidad española realizaran la misma prueba de acceso o, en su defecto, la misma prueba de evaluación final de Bachillerato». De ese modo, se minimizaría la posibilidad de que un alumno que haya hecho las pruebas en una comunidad con menor de exigencia pase por delante de otros que han hecho los exámenes en otra comunidad más exigente.

Casos concretos

Para mayor abundamiento, Murillo incorpora casos concretos de agravios comparativos: «Los exámenes de acceso a la universidad de la materia Lengua Castellana y Literatura pasados por los alumnos de segundo de Bachillerato de Andalucía, Castilla y León y Madrid en los cursos de 2017 a 2021 contienen preguntas, distribuidas en diferentes apartados, sobre diversa temática curricular de la materia, con un nivel de exigencia adecuado y con una incidencia proporcionada de cada apartado en la nota final de la prueba».

«En cambio, en las pruebas correspondientes aplicadas en Cataluña y en la Comunidad Valenciana se observa, primero, que no se exigen todos los contenidos curriculares; segundo, que se permite que el alumno pueda obviar las preguntas presumiblemente más difíciles gracias a que pueden elegir entre varias opciones; y tercero, que se puntúan en exceso aspectos y conocimientos que, por lo general, implican menos esfuerzo de aprendizaje. Debido a ello, se puede cuantificar en hasta dos puntos la diferencia de dificultad entre los exámenes de Andalucía, Castilla y León y Madrid respecto a los de Cataluña y la Comunidad Valenciana», continúa.

Ante ello, los profesores de secundaria piden que se haga la misma prueba en todas las comunidades. «Solo así podremos conocer el verdadero grado de conocimiento que tienen los alumnos catalanes ante el resto de comunidades. En España solo se hizo esto una vez, en 2010, con alumnos de 12 años: se eligió a 1.500 alumnos de segundo de ESO por comunidad y se les puso el mismo examen, pero desde entonces han pasado 12 años y, además, los 12 años no pueden ser una edad de referencia de todo el colectivo. Sería poco riguroso».

A los políticos no les interesa

Murillo señala también que políticamente no interesa realizar comparaciones. «En Cataluña, la Generalitat afirma que la inmersión lingüística es un modelo de éxito. Pero si tan modelo de éxito es, ¿por qué ningún país del mundo la ha copiado? Ni siquiera en el caso de Quebec, con el que se han querido presentar connotaciones concordantes con Cataluña, se ha aplicado ese sistema: allí la inmersión lingüística en la enseñanza es voluntaria, no obligatoria como en Cataluña. Además, aquí se reclamó durante muchos años, y con razón, el derecho a la educación infantil en la lengua materna del niño, pero ahora no reconocen ese derecho y se ha de hacer todo en la lengua que dice la Administración, por lo que el alumno es escolarizado en catalán sí o sí», advierte Murillo.

El sindicato reclama, además, pruebas comunes al final de la ESO con valor académico. Y que esa prueba «tenga carácter de reválida» para aprobar el ciclo. En este sentido, sus representantes recuerdan que en el año 2015 Portugal dio un salto muy importante en las calificaciones de sus estudiantes. «Fue el país que más prosperó. Y eso se debía a que Portugal puso una reválida en la ESO, con lo que se estimula el interés de los alumnos por estudiar», afirman desde AMES, que tiene entre sus objetivos que se recupere «la cultura del esfuerzo», que disminuya el número de alumnos por clase a un máximo de 20 y que el profesor sea considerado «autoridad pública y el responsable de la calificación de sus alumnos».

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