El Betis, campeón de la Copa del Rey

Sevilla hoy es verdiblanca: el Betis se corona por tercera vez en La Cartuja en penaltis (1-1 y 5-4)

Sevilla inició el día con un auténtico diluvio, en una jornada en la que ambas aficiones convivieron amistosamente. La capital de Andalucía es acierto seguro para cualquier acontecimiento, pero La Cartuja deja mucho que desear por esa pista de atletismo que aleja al público de los protagonistas. El partido fue todo un espectáculo de juego y tensión, donde finalmente, y en los penaltis, ganó el que más juego puso. Y el error de Musah fue decisivo.

El Betis comenzó fiel a su estilo, posesión alta y dominio del juegoEl Valencia, a esperar un error del rival, encerrado con 10 jugadores en su campo. El césped debido a la tempestad estaba rápido y resbaladizo. Y pronto, lo que llegó fue una lluvia de buen juego de los verdiblancos. Se notó que fueron los anfitriones por el recibimiento que tuvo el autobús y por lo que jalearon sus aficionados.

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La certificación de ese dominio no tardó en llegar. Bellerín, que de no haber sido futbolista se habría dedicado al atletismo, fue una gacela en la banda derecha. Suyo fue el centro que Borja Iglesias remató para que los béticos no quisieran despertar de su sueño. Ya lo dijo Mocedades: «Si no estoy despierto, déjame soñar».

El maestro Pellegrini

La afición verdiblanca es feliz desde que Pellegrini llegó a Sevilla. Saben que «El Ingeniero tiene un plan» y en la noche de ayer estaba funcionando a las mil maravillas. El chileno ha construido un Betis que sería irreconocible años atrás. El equipo divierte a la afición y ‘la guasa’ en Sevilla tiene más importancia que en otros lugares. Más allá de que lo importante es ganar. Ya lo decía Luis Aragonés: «Del subcampeón no se acuerda nadie».

Bordalás a lo suyo

El Valencia es también un equipo reconocible, construido a imagen y semejanza de José Bordalás. En sus equipos se practica el antifútbol, donde lo importante es el resultado. Desde el inicio valencianista la idea estaba clara: esperar solo un error del Betis que les diese una oportunidad. Y la tuvieron y la aprovecharon. Un pase filtrado a Hugo Duro y la primera llegada a puerta y el delantero no falló. Los chés llevaron el encuentro de nuevo a su terreno gracias al empate.

La afición del Valencia merece un monumento porque, pese a lo poco que su equipo les ofrece, no paró de animar en toda la noche. Los béticos eran los locales, pero hubo empate entre ambas hinchadas. Era algo parecido a un David vs. Goliat. No por la diferencia en el campo, sino en los alrededores y en la previa. Antes de que el árbitro decretara el entretiempo, Canales envió un balón al poste.

El árbitro de lo peorcito

Capítulo aparte es lo del árbitro. Cierto es que los jugadores, sobre todo los chés, no se lo pusieron nada fácil. Pero realmente fue de lo peor de la fiesta copera. Se vio superado desde el primer momento. No supo cortar el juego marrullero y duro de los de Bordalás. Y lo peor es que ante las quejas béticas, su reacción fue pitar cualquier leve acción verdiblanca olvidando la reiteración y provocación valenciana. Faltas constantes, simulación de agresiones que el colegiado no supo frenar. Debió expulsar a Hugo G. tras una entrada durísima pero no se atrevió. Obvió dos claros penalties, uno a Borja Iglesias y otro a Feckir. En fin, este es el nivel arbitral del país.

Lleno absoluto en La Cartuja

La ventaja de que no haya jugado un equipo grande la final fue el buen ambiente. Es habitual ver huecos en las gradas en las últimas finales de Copa del Rey, algo que no ocurrió en La Cartuja. Quizá fue el mejor ambiente de una final de Copa en la última década.

Los valencianistas salieron mejor en la segunda mitad, en la que fueron superiores durante el primer cuarto de hora. A los béticos, a punto estuvo de darles una taquicardia. Bravo detuvo un mano a mano a Gayá, que cerca estuvo de colar en la red Hugo Duro en el rechace. El delantero hizo gala de su apellido frente a la defensa rival.

Pellegrini y su Betis se quedaron atrás. Para colmo, la superioridad del Valencia en el campo también fue manifiesta durante esos instantes en la grada. Su equipo, sin embargo, fue a más y controló las acometidas del Valencia. La proactividad de Borja Iglesias y Juanmi, ungido por la afición a la categoría de santo, fue fundamental para el despertar verdiblanco. De hecho, el propio Juan Miguel erró un mano a mano tras pase de ‘El Panda’.

Borja Iglesias la tuvo antes de que el colegiado decretara la prórroga, al igual que Fekir. El partido estaba en el alambre y en el lugar en el que quería Bordalás, al que le favoreció el transcurso del mismo. El Betis estaba en las mismas que en 1997 y 2005, en el tiempo extra, en el que no pasó nada. La pena máxima lo decidió todo. El error de Musash fue decisivo y el acierto de Miranda, fundamental. 

La Copa es verdiblanca.

La gracia de Joaquín

En la rueda de prensa habló el capitán del Betis: «Es la emoción contenida durante todos estos días, de ver a la gente cómo te gritaba, te alentaba, te apoyaba, te decía tantas cosas… Eso lo interiorizabas con la responsabilidad que tienes al jugar estos partidos. Lágrimas de emoción y de alegría, era lo que queríamos todos: ganar una Copa del Rey».

El gaditano tiró de humor en la sala de prensa: «Se me ha olvidado decirle al rey que se lo dedico a su abuela, que era bética». También habló de su continuidad, tras comentar en ‘El Partidazo de Cope’, entre risas: «¿Cómo me voy a retirar ahora que estamos ganando?». Luego dijo: «Voy a disfrutar del momento. Somos campeones de la Copa del Rey y se lo dedicamos a toda la gente que nos apoya, a nuestro cuerpo técnico, cuidadoras de lavandería, cocineros, camareros.. Toda esa gente tiene mérito en nosotros». Fue el jugador que más lo disfrutó, compartiéndolo con todos los aficionados, a los que dedicó su segunda pasión: el toreo

Por terminar, salió a escena Manuel Pellegrini, que comentó que «el equipo peleará por la Champions hasta que las matemáticas digan lo contrario». El chileno reconoció estar seguro del triunfo de su equipo: «Cuando vi a toda esa gente, supe que era difícil que perdiéramos».

Justo resultado para un equipo que puso el juego, el sacrificio y la ilusión. Enhorabuena béticos.

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