Educar a tu hijo en tiempos comunistas – Especial España Opina

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Son tiempos difíciles para educar a nuestros hijos en un país donde se señala al hombre como un abusador sexual de nacimiento, donde se defiende la okupación o donde quemar ciudades es una forma de expresarse en libertad. Nuestros jóvenes han nacido en una época donde la bonanza económica quedó lejos y se encadenan una crisis económica tras otra.

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La educación en valores dentro del hogar, la gran olvidada, es fundamental para que nuestros hijos, los que en unos años dirigirán y levantarán económicamente el país, tengan unos pilares fuertes que les hagan ser buenos ciudadanos y no un conjunto de parásitos que quieran vivir del Estado. Muchos padres se conforman con lo que les enseñan en los colegios e institutos, olvidando por completo que en estos centros no se enseña a ser ciudadanos, si no que se les enseña las bases de historia, matemáticas, física o literatura.

La realidad nos dice que da igual que decida ser tu hijo en esencia, da igual si es alto o bajo, heterosexual o homosexual, católico o agnóstico, o incluso, de derechas o de izquierdas. Nos guste o no, nuestros hijos serán lo que quieran ser y tenemos que darles la libertad de construir su futuro, pero sin olvidar nuestro deber de darles unos pilares sólidos que, en definitiva, les hagan ser buenas personas.

Debemos centrarnos en que nuestros hijos entiendan que el derecho a la libertad de expresión, no es salir a la calle a quemar contenedores; que ganar cada céntimo de euro cuesta mucho esfuerzo y no cae del cielo, ni se encuentra en la casa de otra persona; que cada visita al médico está costando dinero a todos los españoles que con sus impuestos levantan este país; que España es el país donde ha nacido y tiene el deber de cuidarlo y defenderlo. Un sin fin de valores que harán de nuestros hijos personas de bien, que luchen por lo que quieran sin esperar que nadie se lo regale o lo consiga a base de ser un parásito del sistema.

Obviamente, cada padre es libre de educar a su hijo como quiera, sin que nadie le imponga más ideales que la propia Constitución.

A.F.M.

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